Let’s walk, friends. Acerca de la película «Dear Werner», de Pablo Maqueda

Por Olga Blazquez

Me decido a acudir andando. Caminando, ¿podría ser de otro modo? Desde mi casa al cine hay  alrededor de tres kilómetros y medio. Werner Herzog, entre noviembre y diciembre de 1974, cubrió la distancia de más de setecientos kilómetros a pie para llegar a París desde Múnich. Pensaba que, así, si él llegaba caminando a la capital francesa, lograría que Lotte Eisner —referente para el mundo del cine y que había caído enferma— no muriera; y lo cierto es que no murió. El periplo queda narrado en su diario Del caminar sobre hielo.

Más recientemente, el director Pablo Maqueda siguió los pasos de Herzog, empleando el diario del cineasta alemán como guión para un artefacto fílmico: el resultado es un largometraje que hace muchas cosas. Dear Werner  habla sobre cine, sobre el acto de caminar y sobre la amistad. 



Sin embargo, una diría que no es solo eso lo que sucede en la película. No es que Maqueda hable sobre esos temas a través de una voz narrativa. No: es más bien que el propio cine habla sobre el cine, el caminar habla sobre caminar y la amistad habla sobre la amistad.

Y Maqueda también cuenta muchos asuntos sobre sí mismo, sobre su relación con su entorno. Es como si todo fuera expresivo directamente y no necesitara de la ayuda explícita de terceras personas u otros entes para sostener el discurso: ya resulta evidente que las cosas se apoyan en otras cosas —no se trata, pues, de un elogio de la independencia individualista y atomizada, sino de una afirmación de la interdependencia que hace posible que cada cosa sea—. Nadie habla de otra cosa. Nadie representa a nadie. Nada representa nada. Nadie ni nada están en lugar de otra cosa. Todas las cosas que aparecen en pantalla ceden generosamente el lenguaje para presentarse sin pudor. Y, a pesar de eso, somos conscientes en todo momento de que lo que vemos está mediado y subjetivado por ese cuerpo ambulante —por Maqueda— registrando el recorrido desde una cámara a la altura de la mirada. No hay trampantojo, lo que hay es una completa visibilidad de la perspectiva o posición desde la que se ve; y cada posición —¡cómo no!— está contaminada de mundo.

Las cosas se presentan siendo atravesadas por otras cosas.

Los objetos filmados se enredan placenteramente sobre sí mismos a través del metalenguaje, de la poliglosia y de la polifonía. El metalenguaje es el mecanismo principal que hace posible ese giro autorreferencial de los elementos en juego: los bosques siendo más bosques que nunca a fuerza de estar ahí, expresivos, sin artimañas grandilocuentes. La poliglosia implica que hay varios idiomas —o lenguajes, más bien— sobre la mesa: el texto del diario de Herzog está presente todo el tiempo y se solapa con el lenguaje cinematográfico; de manera que escritura y cine caminan de la mano a lo largo del viaje. Finalmente, la polifonía supone la existencia de muchas voces enredadas, y no solo las de Maqueda y Herzog, sino también las de Lotte Eisner o Henri Langlois, entre otros.



Se trata, en definitiva, de una película centrífuga y centrípeta a la vez, extrovertida e introvertida, que catapulta el cuerpo hacia las afueras y la intemperie a través de una intimidad muy frágil. Del mismo modo que son las afueras las que nos devuelven a las entrañas. Es una película que da cuenta de la repetición de un trayecto. ¿Repetición? No del todo: el mundo es ya otro, el cuerpo es otro, la historia es otra; Maqueda no es Herzog, y, sin embargo, hay un cierto deseo de regresar. ¿Regresar? Tampoco es eso…

Dear Werner es una cartografía. Es una carta. Es un esfuerzo radical por encontrarse con algo. Es un gesto que se apoya en la tormenta, como dicen Maqueda y Herzog al unísono, pero —paradójicamente— no de forma sincrónica, no de forma simultánea: cada cual, desde su momento. Es un paisaje alargado que contiene carreteras, cuevas, granjas, ciudades, lluvia, osos, trenes, helechos, relatos… Es algo alejándose del mito de la aventura, aproximándose al abismo de aventurarse.

Cuando vuelvo a casa, me da por pensar en L., que fue quien me regaló Del caminar sobre hielo en su día. Yo también camino a su lado ahora. Igual que Maqueda camina al lado de Herzog. Y pienso en las palabras de Julio Villar, recogidas en su libro Viaje a pie. Mar de nubes: “¿Notarán mis amigos que pienso en ellos? ¿Notarán que en mi andar de esta noche hay algo suyo?”. Y con cada paso, lo pienso más fuerte. Pienso a la vez en la cita de Julio Villar y en mis amigas y amigos, y en L., en concreto. Y Madrid ocurre mientras ando sostenida por toda esta amistad y su lenguaje. 

“El endrino se abre paso a través de mí, como palabra, quiero decir: la palabra ‘endrino’”, dice Herzog en alguna parte de la exposición de su peregrinaje. Las palabras que se refieren a las cosas colisionan con el cuerpo a la vez, siendo lenguaje y cosa. Onda-partícula. La “nieve” y la nieve. 

Quizás, esta sea una buena forma de acabar el texto.


DEAR WERNER (Walking on Cinema) tendrá su estreno mundial en el próximo Festival de Cine de Sevilla, posteriormente participará en el prestigioso festival internacional de documentales ZINEBI y el 20 de noviembre llegará a los cines españoles.

En palabras de su director Pablo Maqueda: ‘Inicié el viaje agobiado por el lentísimo proceso de financiación de mi próximo largometraje La desconocida. Siempre que me entran dudas recurro a Werner y a su libro: ‘No importa llegar primero, sino seguir caminando’. Quería llevar ese aprendizaje a algo muy físico para conectarlo con lo arduo que es levantar una película en España’.

La especial banda sonora corre a cargo del artista sonoro José Venditti cuyo trabajo acompaña a la imagen en una experiencia sensorial única: ‘Si hay algo que no quería hacer era un trabajo que fuese un simple homenaje a Herzog, porque la película de Pablo es más que eso, es un viaje muy personal a través de los ojos de un apasionado del cine, que consigue hacernos reflexionar sobre la creación y la búsqueda de una voz propia que no se mire solo a sí misma’.

La película está producida por Haizea G. Viana (Uranes, Amor Eterno), en colaboración con la Cinemateca Francesa y el propio Werner Herzog quien ha narrado parte de su libro  exclusivamente para la película. 

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